La Estación

Nadie recuerda la superficie. Vives en la Estación, en la boca de unos pozos que alguien abrió hace generaciones. Lo que hay arriba no se nombra; lo que importa está abajo.
Mundos pelados

Los mundos son planetas pelados por turnos. La Estación manda taladros hasta que el centro se agota, abre otro portal y el viejo queda de «mundo con historia»: exporta poco, pero tiene ruinas y gente que se quedó.
Las ruinas

Las ruinas son los que vinieron antes: mineros de otra época, con otras máquinas, que cavaron hasta que el mundo no dio más. Sus planos son lo único que dejaron, por eso las recetas raras salen de ahí y no de una tienda.
Digestores

Los digestores son la respuesta del subsuelo: criaturas que comen roca y devuelven mineral refinado. El planeta hace por su cuenta lo que el horno hace por ti. Cazarlos es acelerar algo que ya pasaba.
El peaje

La Estación cobra el peaje. Las patentes, el flete entre mundos y la comisión del mercado son el negocio de quien tiene los portales. Qué hacer con eso es cosa de los clanes.
Lo que se saca

Lo que se saca no vuelve. Solo lo común se recupera, despacio; lo demás te obliga a ir más hondo o más lejos. Nadie te lo va a decir: lo vas a ver en tus propios túneles.