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La historia hasta aquí

Nadie la cuenta en una cinemática. Está en las reglas, en las ruinas y en tus propios túneles. Estos son los seis cuadros.

La Estación

De noche, cuatro taladros distintos esperan en el andén de la Estación, a los lados de la boca de un pozo iluminado por una lámpara.
El andén, con la lámpara encendida sobre el pozo.

Nadie recuerda la superficie. Vives en la Estación, en la boca de unos pozos que alguien abrió hace generaciones. Lo que hay arriba no se nombra; lo que importa está abajo.

Mundos pelados

Un corte de terreno atravesado por túneles en todas direcciones, casi sin mineral, con un solo taladro al fondo.
Un mundo con historia: túneles por todos lados y un taladro que llegó tarde.

Los mundos son planetas pelados por turnos. La Estación manda taladros hasta que el centro se agota, abre otro portal y el viejo queda de «mundo con historia»: exporta poco, pero tiene ruinas y gente que se quedó.

Las ruinas

Una sala de piedra verdosa en penumbra; un taladro la alumbra con su linterna y se ven tres cofres dorados.
Tres cofres y una linterna. Lo demás, a oscuras.

Las ruinas son los que vinieron antes: mineros de otra época, con otras máquinas, que cavaron hasta que el mundo no dio más. Sus planos son lo único que dejaron, por eso las recetas raras salen de ahí y no de una tienda.

Digestores

Un digestor, criatura verde de roca y piel, se come una veta de diamante mientras caen chispas de mineral refinado.
El subsuelo también sabe refinar.

Los digestores son la respuesta del subsuelo: criaturas que comen roca y devuelven mineral refinado. El planeta hace por su cuenta lo que el horno hace por ti. Cazarlos es acelerar algo que ya pasaba.

El peaje

Un arco de metal con un portal azul palpitante; tres taladros esperan en fila para cruzar.
Tres taladros en fila. El portal no es gratis.

La Estación cobra el peaje. Las patentes, el flete entre mundos y la comisión del mercado son el negocio de quien tiene los portales. Qué hacer con eso es cosa de los clanes.

Lo que se saca

El mismo terreno partido en dos: a la izquierda con vetas de mineral, a la derecha con las vetas convertidas en huecos.
Mismo terreno, antes y después.

Lo que se saca no vuelve. Solo lo común se recupera, despacio; lo demás te obliga a ir más hondo o más lejos. Nadie te lo va a decir: lo vas a ver en tus propios túneles.